No me siento gaditano

No me siento gaditano. Al menos, no del nombre de una ciudad que irremediablemente debo acompañar entre paréntesis cuando al dorso de una carta escribo Jerez. Nada me vincula con esa ciudad costera, relativamente cerca en kilómetros pero muy lejana en todo lo demás. Conste, desde el principio, que admiro Cádiz. Su playa, sus calles milenarias, su gente. Tengo amigos gaditanos con los que paso largas tardes-noches tomando copas en la Punta de San Felipe o junto a la plaza Mina. Disfruto como un enano paseando por La Caleta, de compras por la calle Ancha o incluso oteando el horizonte desde lo más alto de la torre de la Catedral. Habiendo dejado claro mi cariño hacia Cádiz, como ciudad, vuelvo ahora al principio para intentar argumentar la frase que titula este artículo.

Debemos bucear en la historia para encontrar las claras y evidentes diferencias entre ambas ciudades. La dependencia secular con la Diócesis de Sevilla estableció una vinculación con la capital de la Giralda que aún en visible en nuestra ciudad. Ejemplos hay cientos. Valgan dos de ellos: La Feria y la Semana Santa, que se impregnaron de la impronta sevillana hasta tal punto que muchos sevillanos se sienten "como en casa" cuando nos visitan durante esas fechas. Si miramos al sur, observaremos la casi nula vinculación festiva con Cádiz (ahí tienen el Carnaval que no tiene su reflejo, por mucho que lo intentemos, en Jerez). Si hablamos de la forma de ser, las diferencias son notales. El comportamiento marcadamente señorial que aún perdura en algunos estratos de la sociedad jerezana y sevillana contrasta con el carácter abierto del gaditano que es capaz de reírse de sí mismo y de los demás (ésta y no otra es la esencia del Carnaval). Observarán que ni justifico ni critico una u otra actitud, ya que solo se trata de aceptar la idiosincrasia de cada ciudad. Podría detallar un largo rosario de diferencias pero, lo esencial es que me chirría que me asocien a una ciudad que no acepto como capital y a la que aún debo ir para solucionar algún trámite administrativo derivado de unas prerrogativas que atesora en virtud a su capitalidad histórica. Esta provincia posee tres, o incluso cuatro, realidades bien distintas. ¿En qué se parecen los gibraltareños a los sanluqueños, o los de Torre Alháquime a los gaditanos o los jerezanos a los barbateños? ¿Creen que exagero? ¿Les produce hilaridad este artículo? Entonces, ¿por qué cuando a un jerezano que sale de la provincia se le pregunta de dónde es, nunca responde que de Cádiz? Piensen un poco. ¿No será que digo en voz alta lo que muchos piensan en privado o hablan en corrillos de amigos? Igual es que no voy tan mal encaminado...

Esteban Fernández